Amersfoort, paseando por sus rincones

Amersfoort

Ubicada en la provincia de Utrecht, a orillas del río Eem, Amersfoort es un pueblo con orígenes que se remontan casi un milenio atrás. Con 134.904 habitantes, es la segunda ciudad de la región, después de la misma Utrecht, que oficia de capital de la región.

El valle del río Eem y el valle de Gelderse tienen en Amersfoort su centro económico y cultural. Allí funcionan los establecimientos educativos más importantes de la zona, grandes plantas industriales típicas de Holanda y los mercados más grandes de la región.

Las primeras noticias que se tienen de este antiguo pueblo datan de 1028, aunque no fue hasta 1259 que recibió su estatuto municipal. Ya en ese tiempo, las actividades productiva y comercial eran sus características principales, y gracias a esto se convirtió en miembro de la Liga Hanseática.

En el siglo XV, las murallas que protegían a la ciudad medieval comenzaron a se sobrepasadas por el incipiente crecimiento de la urbe. Por ello, entre 1450 y 1561 se edificó un nuevo recinto amurallado, rodeado de un canal al igual que su antecesor.

Hoy, el casco histórico de Amersfoort conserva toda la belleza de las edificaciones de esta época, así como ambos anillos de canales que marcan el devenir histórico de la ciudad. Destaca aquí la Torre de Nuestra Señora, con magníficas vistas sobre el conjunto, y escenario cada viernes del “concierto” de las campanas que alberga.

La iglesia de San Joriskerk es otra de las joyas arquitectónicas que habitan la parte antigua de Amersfoort. El Monasterio de Marienhof es, además, un Museo Culinario que exhibe la evolución de las costumbres alimenticias de los habitantes de la región desde la prehistoria hasta nuestros días.

Otros museos destacables son el Museo Flehite, que se dedica de manera más general a la historia de la zona y el Museo Cavalry, con colecciones que abordan el desarrollo militar de Holanda.

Una de las formas más placenteras de conocer esta ciudad es tomar un paseo en bote a través de la red de canales que la recorren. Esto permite tener un panorama amplio de todo el pueblo, y relajarse con el vaivén de las aguas.

Los circuitos para bicicletas son también muy recomendables, en especial para quienes deseen transitar los paisajes naturales de la región, entre valles, bosques y pueblos vecinos.

Foto Vía: Planetware

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