La relación entre la Casa de Orange y Delft

Mausoleo de Guillermo de Orange

Cuando me han preguntado por recomendaciones para viajar a Holanda, una de ellas siempre ha sido visitar la ciudad de Delft, no solo por los bellos recuerdos que ha dejado en mí, por su tranquilidad e incluso recogimiento a pesar de tanto turista como suele recorrerla, sino por su intenso e importante pasado histórico.

Muchos os la mostrarán como la ciudad que hizo famosa la cerámica azul, y así se vende turísticamente, pero no todos conocen su íntima relación con la casa de los Orange-Nassau y, sobre todo, con Guillermo de Orange, considerado el “padre de la patria”, fundador de la monarquía holandesa.

No, no nació aquí, pero sí que dejó aquí su vida un trágico año de 1584, tiroteado por Balthasar Gerards frente a los muros del Convento de Santa Ágata. Pero mejor, comencemos por el principio…

Aquel final del siglo XVI estaba siendo difícil, con las tropas rebeldes enfrentándose a los españoles. Los flamencos se movían por todo el país y las batallas eran constantes en ciudades que tan pronto caían en unas manos como en otras. El mismo Guillermo de Orange había avanzado con sus hombres hasta el sur tomando entre otras a Lovaina (en la actual Bélgica). Buena parte de su estrategia la fundamentaba en el apoyo de los hugonotes pero éstos recibieron un duro golpe tras la matanza de San Bartolomé el 24 de agosto del año 1572. Aprovechando el momento, la Corona española obtuvo una importante victoria que obligó a Guillermo a retirarse hacia Enkhuizen. Finalmente, en Delft, Guillermo de Orange encontró refugio.

Desde 1572, Guillermo se alojó con toda su familia y su corte en el Convento de Santa Ágata. Desde allí, desde el convento en Delft, una espléndida ciudad fortificada, dirigió a su ejército durante bastantes años más obteniendo importantes triunfos como el de Leiden, en el que con la ayuda de los daneses, consiguieron expulsar a las tropas españolas.

Solo las clásicas intrigas palaciegas podían determinar el futuro de un hombre así. En 1584, el 10 de julio, el fundador de la monarquía holandesa paseaba por los pasillos del convento cuando se le acercó Balthasar Gerards. Los agujeros de las balas que le descerrajó aún son visibles en sus muros. Sólo tuvo tiempo de esbozar unas palabras antes de expirar: “Dios mío, tenga piedad de mi alma y de este pobre pueblo”.

Poco después Guilermo de Orange sería enterrado en la Iglesia Nueva de Delft, en lo que es un impresionante mausoleo que puede visitarse. Esta iglesia fue escogida, desde entonces, como panteón para la Casa de Orange. Allí yacen los cuerpos de 46 miembros más de la Familia.

Delft organiza tours en el que Guillermo de Orange es el motivo principal. Tanto la visita a la Iglesia Nueva de Delft para ir a la cripta y ver el panteón, como al Convento de Santa Ágata hoy reconvertido en museo (el Prinsenhof) son inexcusables para entender la Historia de este país y de su personaje más ilustre.

– Información práctica para viajar a Holanda

Foto vía: Carlos Carreter

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