Napoleón y el Reino de Holanda

Palacio Real de Amsterdam

El 5 de junio de 1806 Napoleón Bonaparte nombraba a su hermano, Luis Bonaparte, rey de Holanda. Tan contento quedó Luis con tal designación que convino en llamarse desde entonces Rey Lodewijk I. Hay que decir en bien del nuevo monarca que intentó en lo posible aprender el idioma holandés y las costumbres de su nuevo pueblo. Esto provocó que, a pesar de las primeras reticencias de los holandeses, pronto se ganara el cariño de sus súbditos.

A pesar de todo Luis solo pudo reinar en los Países Bajos hasta 1810. Napoleón buscaba tropas de todos los territorios bajo su poder para iniciar la campaña contra Rusia. Cuando llegó a los Países Bajos para reclutar hombres, su hermano Luis se opuso a que los holandeses entraran en guerra. Encolerizado Bonaparte, ordenó la inmediata abdicación de su hermano, hecho que se produjo definitivamente en octubre de 1810.

A este tiempo que va de 1806 a 1810 se le conoce como el Reino de Holanda. En realidad fue un gobierno títere el que comandó Luis, ya que todas sus órdenes debían pasar bajo la sombra de Bonaparte. La primera vez que se opuso abiertamente a él tuvo que abdicar.

Tanta fue la influencia de los Países Bajos para la familia Napoleón que Amsterdam se había convertido esos años en la tercera capital del imperio napoleónico tras París y Roma. De ahí que el Palacio Real fuera una de las grandes residencias europeas entre 1806 y 1813. Si en la actualidad lo visitáis os daréis cuenta del gran lujo francés de sus estancias. Aún se conserva gran cantidad del mobiliario napoleónico. Enormes alfombras, sillas, mesas, lámparas de cristal…

Dicen los expertos que la colección mobiliaria del Palacio Real de Amsterdam es una de las más lujosas y mejor conservadas del imperio napoleónico que podemos encontrar en la actualidad.

Con la anexión total de los Países Bajos por parte de Francia en 1810 se explica el porqué de toda esta presencia gala en algunos de los edificios actuales de Holanda. Todo cambiaría a partir de 1813, con la caída del imperio napoleónico y la nueva independencia de Holanda. Pero el legado de Napoleón siguió presente en el recuerdo y en el arte.

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