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La Haya, monumentos importantes

Iglesia Mayor de La Haya

La Haya, capital administrativa de los Países Bajos, se destaca entre otras cosas por ser hogar de sorprendentes monumentos de todas las épocas. Una visita a esta encantadora ciudad no estará completa sin conocer algunos de los que se describen a continuación, verdaderas joyas arquitectónicas, cada una con historia y valor propios.

Grote Kerk es la Iglesia Mayor de La Haya, situada en la Plaza Mayor –o Groenmark–. Se construyó en 1450 y fue último descanso de muchos ciudadanos destacables de la ciudad: el poeta y político Constantiin Huygens, su hijo el científico Christiaan Huygens, entre otros.

Se encuentran allí los escudos de armas de muchos de los caballeros del Toíson de oro. Numerosas bodas y bautismos reales se llevaron a cabo entre los muros de la Grote Kerk, donde hoy se desarrollan diversas actividades culturales. Vale la pena acceder a la torre hexagonal: desde allí, a 100 metros de altura, se obtiene una fantástica vista de los alrededores.

Huis ten Bosch es el castillo real, rodeado por el Haagse Bos –bosque de La Haya–, un parque de asombrosa belleza, ideal para un paseo en familia. En 1899 transcurrió allí la primera conferencia de paz y hoy es la residencia de la familia real.

Kloosterkerk es una antigua capilla que anteriormente formaba parte del monasterio dominico, demolido a finales del siglo XVI. Hoy es una de las iglesias más antiguas de La Haya, y allí se desarrollan conciertos y misas cantadas dignas de presenciar.

Jardín japonés de La Haya.

El Spinozahuis fue la vivienda y espacio de trabajo de Baruch de Spinoza, un destacado filósofo de Ámsterdam del siglo XVII. Fue profesor de la universidad y falleció en La Haya en 1677, adonde llegó tras ser expulsado de su lugar de origen por la comunidad judía. Es un recinto impregnado por la actividad intelectual de De Spinoza, y una visita muy recomendable.

El jardín japonésJapanse Tuin– del parque Clingendael es un colorido espacio verde construido en 1896 bajo las órdenes de la Baronesa van Brienen, que estaba encantada con la botánica oriental debido a su viaje por el Japón. Los farolillos típicos y la casa de té crean el clima inconfundible de la cultura japonesa.