Ijsselmeer, el mar interior

Ijsselmeer

Tras la construcción del Afsluitdijk, el Zuiderzee dejó de existir. Era inevitable. El nuevo mar interior ya no era parte del Mar del Norte. Había nacido el Ijsselmeer.

Baña las costas de Holanda del Norte, Flevoland, Overijssel y Friesland, siendo su superficie de 1.250 kilómetros cuadrados. Su profundidad media es de 5 metros. Desde su creación en 1932 se ha seguido una estrategia imparable de «polderización», que al fin y al cabo era la intención última de los holandeses.

Su nombre significa Mar Helado, aunque esta denominación tiene su origen en el río Ijssel (Helado), que va a desembocar en este mar cerrado, en este lago neonato. Aproximadamente se han desecado unas 150.000 hectáreas de su superficie, que ahora son nuevas tierras para la agricultura, la ganadería, o nuevos pueblos. Pero el Ijsselmeer es muy grande, pese a su mansedumbre.

Sus aguas se han ido dulcificando, han ido perdiendo su sal, y ahora son mucho más dulces que las del otro lado del dique. Prueba de ello es que en invierno llegan a helarse en ocasiones, mostrando al observador un paisaje polar, desolado. Un inmenso estanque cristalizado. La quietud del frío.

No es raro en los meses de verano ver algún que otro pescador con la caña echada en las inmutables aguas, tomando el sol (si lo hay) y disfrutando de un tremendo silencio que hasta parece detener el tiempo. Y es que en ocasiones el paisaje parece una foto fija.

Tampoco es extraño descubrir al turista absorto, hipnotizado por su quieta superficie. De espaldas al mar abierto, sin prestarle atención. Solamente contemplando, inmóvil, la soledad que irradia el mar interior. Divisando la bruma en el horizonte. Con la mirada perdida en un paisaje extraterrestre.

Los holandeses continúan drenando y desecando zonas del Ijsselmeer, creando nuevos pólders. Ahora es más fácil. El Pólder del Noroeste (NoordOost Polder) y Flevoland son pruebas de ello. Pero, ¿qué ha ocurrido con las poblaciones ribereñas? ¿A qué se dedican ahora sus habitantes?

Tomemos el ejemplo paradigmático. El botón de muestra. Enkhuizen. La reconversión ha sido imprescindible para la supervivencia. Pero, la reconversión… ¿hacia qué? Pues hacia la única actividad que ha permitido mantener las tradiciones, que ha permitido seguir haciendo las cosas que sus habitantes sabían y saben hacer, que ha permitido conservar el espíritu fundacional: el recuerdo.

Foto Vía: Flickr

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Categorias: Holanda



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