La catedral de Haarlem

La catedral de Haarlem

La historia del catolicismo en Haarlem está signada por la lucha y la voluntad de sus fieles por recuperar y mantener el derecho a practicar su religión en la tierra que los vio nacer. No fue sino hasta 1853 que los católico-romanos pudieron alcanzar esa meta, y como símbolo de tal logro es que hoy la ciudad cuenta con una de las catedrales más hermosas de Holanda.

Fue concebida como la ampliación de la pequeña iglesia neoclásica dedicada a Sint-Bavo, que hasta entonces había cumplido las veces de “catedral” para los devotos Haarlem.

Aquella primera restauración no dejó conformes a los fieles, que veían en el nuevo edificio algo mucho más escaso que los magníficos templos de Europa. Y por ello, se decidió dotar a la catedral de una majestuosidad más notable. Así fue que P.J.H. Cuypers, uno de los más destacados arquitectos holandeses, tomó parte del asunto.

Se le pidió que se encargara de las obras, pero debido a su avanzada edad en aquel momento y al largo proceso que sería necesario para conseguir el cambio radical que los habitantes de la ciudad esperaban, fue su hijo Jos quien finalmente se ocupó de diseñar la nueva catedral, en 1893.

Cuypers hijo se apartó considerablemente del estilo de su padre, al que los obispos esperaban involucrar en el proyecto al contratar a su descendiente. Las influencias romanesca y bizantina pronto se hicieron notar, dejando el estilo neogótico sólo para el interior.

Actualmente, la iglesia funciona también como un museo de arte religioso, cuya colección cuenta ya con varios siglos de antigüedad. Su historia es parte de la resistencia de los católicos contra la reforma protestante, que confiscó su iglesia.

Al momento del asedio, quienes estaban presentes tomaron todas las piezas que les fue posible y las llevaron con ellos al subsuelo del edificio, en donde conservaron los preciados tesoros de la iglesia.

Foto Vía: Travel Webshots

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