La Escuela de La Haya en Rotterdam

Cuadro de Israels

Si unimos con una línea imaginaria las ciudades de La Haya, Rotterdam, Utrecht y Amsterdam dibujaremos un paralelogramo irregular en cuyos vértices, las ciudades mismas, se nos desvelan los gozosos secretos no de la geometría, sino del arte. Esas tres damitas y ese caballero holandés acogen museos de gran categoría. Especialmente, la pintura, antes que los españoles, había clavado su pica mucho más allá de Flandes.

Es curioso notar que sea en estas dos tierras tan distintas y distantes donde el ojo del artista se ha especializado en las artes plásticas. ¿Serán la luz de Holanda y la luz de España poseedoras de alguna secreta característica que explique el fenómeno? Dejamos en el aire la pregunta y os recordamos con alegría la magnífica exposición que está a punto de clausurarse en el Kunsthal de Rotterdam.

Sabemos de lo que hablamos. Por una vez, una ciudad excéntrica, industrial y reiteradamente olvidada como es Vigo puede y debe presumir de algo. Este mismo año, Caixanova patrocinó y sufragó los gastos del acontecimiento pictórico del lustro en la ciudad: una exposición sobre La Escuela de La Haya. Las obras de los Maris, de Jozef Israëls o de Anton Mauve procedían del Rijksmuseum de Amsterdam.

He de decir que la pintura no está entre nuestras grandes preferencias. Sin embargo, nos fue necesario visitar varias veces aquella exposición. No podíamos dejar de hacerlo. Recuerdo la impresión luminosa ante algunos de los cuadros: eran ventanas, galerías, terrazas. Más que hacer una crítica, que no nos corresponde, sencillamente os recomendamos, si estáis en Holanda, que vayáis al Kunsthal de Rotterdam.

La exposición del Kunsthal es más amplia que la que nosotros pudimos ver en Vigo. Los cuadros de los pintores de la Escuela de La Haya los acompaña de fotografías de la misma época, mediados del siglo XIX en adelante. El propósito de esta exposición rebasa el ámbito artístico: se quiere testimonio social. La Holanda de la segunda mitad del XIX permitía todavía unos paisajes de un profundo sabor rural.

Al mismo tiempo, pintores y sobre todo fotógrafos asisten a su transformación a través de obras de ingeniería como diques, puertos o puentes. Pero en el ánimo del visitante resultarán vencedores esos cuadros en los que el cielo nublado se abre de repente ante el ímpetu de un rayo de sol primaveral, el molino medita la monotonía de los tiempos, o los campos amarillos y verdes se entrecortan con las manchas azules de los canales. Lo dicho, una maravilla.

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Categorias: Holanda



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